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Infancias en movimiento y mundos fantásticos: dos miradas literarias en la FENALI

  • 21 mar.
  • 2 Min. de lectura

Puebla, Pue. 21 de marzo de 2026. Las historias de niñas, niños y jóvenes migrantes fueron el eje de la presentación del libro La tierra que nos sueña, una obra colectiva que rinde homenaje a la antropóloga Valentina Glockner Fagetti y que reúne 13 relatos sobre infancias en contexto de migración.

El libro fue escrito por académicas, abogadas, escritoras y periodistas, quienes construyen una narrativa que busca visibilizar las experiencias de menores migrantes desde una perspectiva de dignidad, reconociéndolos como sujetos sociales y políticos.

Valentina Glockner Fagetti transformó los estudios sobre infancia y migración en México y América Latina, al cuestionar las visiones tradicionales que colocaban a las niñas y niños únicamente como sujetos vulnerables, y proponer una mirada centrada en sus derechos y agencia.



Durante la presentación, las investigadoras Verónica Macías Andere, Rosalba Elizabeth Rivera Zúñiga y Karla Villaseñor Palma destacaron la importancia de escuchar estas voces y evitar que las decisiones sobre sus vidas recaigan únicamente en personas adultas.

Las autoras coincidieron en que la obra no solo imagina y crea, sino que también denuncia y busca generar acciones de justicia y cuidado hacia las infancias migrantes, retomando el pensamiento de Glockner sobre la urgencia de hacer visibles estas historias.

En una segunda presentación, la literatura tomó un giro hacia lo fantástico con Los colmillos del muertito, libro ilustrado de Lola Ancira que narra la historia de un niño vampiro mexicano de origen otomí.

La obra introduce por primera vez la figura de un niño vampiro mexicano dentro de la literatura, explorando el llamado “terror rural” a través del personaje de Pablito y abordando temas universales como la vida y la muerte, el día y la noche, así como la bondad y la maldad.

El libro se inspira en La voz de la sangre de Gabriela Rábago Palafox, texto que influyó en la construcción del personaje principal y en la atmósfera de la obra.



Lola Ancira, quien obtuvo una mención honorífica en el Concurso Latinoamericano de Cuento Edmundo Valadés en 2020, explicó que uno de los ejes del libro es la figura materna, representada como un personaje fuerte que protege a su hijo incluso ante lo desconocido.

La autora añadió que el final de la historia es deliberadamente ambiguo, con la intención de dejar espacio a la interpretación del lector y provocar una reflexión personal sobre lo monstruoso, lo humano y el cuidado.

 
 
 

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